Tratar de asegurar a todos unos mínimos de justicia es condición indispensable para que una sociedad funcione democráticamente, no se puede pedir a los ciudadanos que se interesen por el debate público, por la participación pública, si su sociedad ni siquiera se preocupa por procurarles el mínimo decente para vivir con dignidad. Éste es un presupuesto básico que ya no cabe someter a deliberación, sobre lo que se de debe deliberar es sobre el modo de satisfacer ese mínimo razonable, teniendo en cuenta los medios al alcance.
La búsqueda de la felicidad tiene que estar en cada acto y cada decisión que tomemos. A lo largo del capítulo además resalta la importancia de la suerte a la hora de ser feliz. La felicidad es un estado, un tono vital que alcanzamos y que debemos disfrutar.
Y precisamente porque se busca con las distintas acciones, no es cosa fugaz, que dure unos momentos, ni siquiera unas horas o unos días. Sentir contento y satisfacción en un momento determinado tiene pleno sentido, cuando alguien ha conseguido lo que se proponía o cuando recibe una buena noticia o un buen regalo. Pero ser feliz es otra cosa, tiene que ver con proyectos e ideales que se plantean para el plazo, sea corto o largo, de la propia vida. `proyectos e ideales que sin duda pueden rectificarse y cambiarse según la experiencia, pero que no se reducen a sentirse bien, a bien-estar.
A la felicidad se le pide continuidad, es un modo de ser, no sólo un modo de estar. Se es feliz, se quiere ser feliz, no se está feliz, mientras que sí que se está sano o enfermo, disgustado o contento. La felicidad tiene que ver con una cierta permanencia del tono vital frente al significado de vida en plenitud, de vida digna de ser vivida, la felicidad va identificándose con un término bastante más modesto, pero bastante más manejable, que es el de bienestar. Estar bien depende de experiencias placenteras, de sentirse a gusto consigo mismo y con otros, con el entorno que nos rodea y con el futuro previsible, aunque sobre todo tiene que ve con el presente.
La felicidad, entendida como bienestar, consistiría en conseguir el máximo posible de bienes sensibles, el disfrute de una vida placentera, y es entonces cuando empieza a hacerse dudoso que una felicidad, así entendida, pueda dar cabida a la justicia.
Bibliografía
CORTINA,
A. (2014 de Julio de 2014). Para
qué sirve realmente la ética. 1ª Parte. Obtenido
de Youtube:
https://www.youtube.com/watch?v=F3LXHC6CMyc
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